12 de julio de 2010

Progresistas por el Cambio informa: Nueva subida del 10% de la contribución urbana

Algunos recordaran que esta legislatura empezó con el gran catastrazo, denunciado en este blog. Recuérdalo. Pincha aquí
Nuestro mandamás necesitaba mucho dinero para mantenerse en el poder. No le queda otra. No importa nada. Otra vez más impuestos y menos servicios.
Aquello terminó con una recogida de firmas que unido a su creciente impopularidad obligó a don josé a recortar el tipo impositivo hasta el 0,65. Pero eso solo fue un parche para aquel año ya que desde entonces la subida de los recibos ha sido de un 10% anual. Y eso es lo que nos espera para los próximos 8 años. Incrementos anuales del 10% hasta que los recibos se hagan insostenibles. Y si nadie lo remedia será lo que tendremos para los próximos años.
El único miedo que tienen los Sánchez es a perder el poder. Pero para mantenerse necesitan dinero, mucho dinero, más todavía. Necesitan meter gente a trabajar, jornales, contratillos, y para ello necesitan, mucho dinero, más y más dinero. Que luego ellos convierten en votos. Esto es un régimen político, el régimen sanchista que nos ha llevado a la ruina económica, a los impuestos más altos y a los peores servicios de la comarca. Y todo con nuestro dinero, evidentemente.
Pero este año no se han conformado con subir otra vez la contribución urbana. Además no han aplicado el descuento del 5% que contempla la ordenanza para todos los recibos domiciliados. Solo se los han aplicado a algunos de contribución y a ninguno de basura con la idea de que como la mayoría de la gente desconoce este descuento nadie protestaría y no tendrían que aplicar lo que manda la ordenanza.
Pero desde nuestro partido, trabajamos para que se cumpla la legalidad. Informamos al pueblo de sus derechos y trabajamos para que nadie nos asalte. En el día de hoy hemos solicitado por escrito al ayuntamiento que devuelva a los contribuyentes lo cobrado de más sin necesidad de que se solicite de forma individual. Esperemos que atiendan a nuestra solicitud, ya que solo exigimos lo que es legal. Si esta devolución no se produce, próximamente informaremos sobre la forma de reclamar individualmente lo cobrado de más.
Animo. Entre todos conseguiremos el CAMBIO.

Un saludo

5 de julio de 2010

LA CRISIS Y LA ECONOMIA MUNICIPAL

Cuando todo el mundo a nivel nacional y de toda Europa se esta apretando el cinturón por causa de la crisis que nos ha tocado vivir, parece ser que ésta no pasa por el Ayuntamiento de Albuñol, dado que se siguen manteniendo actuaciones y servicios no imprescindibles para el funcionamiento municipal, o creándose otros “servicios” que por supuesto, aparte del gasto que ocasionan, el fin que tienen es más que de dudosa pulcritud democrática. Me refiero, en concreto, al periódico mensual “ACTUAL”, que desde hace tres meses se viene repartiendo de forma gratuita y en grandes cantidades.

Nunca estaré en contra de la información de cualquier tipo, sea política, económica, social, etc.; pero si estaré en contra, y denunciaré en la medida de mis posibilidades, el uso partidista y para beneficio propio de un medio de comunicación que estamos pagando con el dinero de todos. Medio cuyo fin es levantar, de cara a las próximas elecciones municipales, el prestigio bastante deteriorado de nuestra alcaldesa, pues según una encuesta realizada por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada sobre la valoración de los alcaldes de la provincia, nuestra alcaldesa resultaba la tercera peor valorada de toda la provincia. Y eso hay que cambiarlo cueste lo que cueste y gastando lo que haya que gastar, tanto de dinero municipal, como de dinero en forma de subvenciones que, desde los despachos de poder del partido en Granada, vienen concediendo a manos llenas y sin control de ninguna clase, con el único propósito de remontar la desfavorable valoración que de ella se tiene en este pueblo y en otro sitios donde ya empiezan a conocerla.
Y lo del periódico “ACTUAL” sólo es la punta de lanza del derroche sin control que se está haciendo de los dineros municipales. Porque otro ejemplo que se puede poner en conocimiento de la ciudadanía -y además con el mismo fin que lo descrito en el párrafo anterior- es el uso políticamente vergonzante por parte de la hija y del padre de la emisora publica municipal “Radio Cehel”, que todos colaboramos ha mantener con nuestros impuestos, pero que solo puede ser utilizada por quien ostenta el poder, con el fin de darle publicidad a su nefasta actuación, y de alguna forma maquillarla para que el pueblo sólo se entere de lo que ellos quieran. Y después criticamos a Hugo Chávez por su programa “Aló Presidente”, cuando aquí se hace tres cuartos de lo mismo.
Hay un refrán español, que como casi todos ellos, siempre aciertan, y es el “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Viene a cuento porque son tantas y tantas las veces que los hemos oído a través de “SU RADIO” pavonearse de demócratas, que creo que hasta ellos se lo creen. Pero sus actuaciones políticas distan mucho de parecerse a lo más elemental de cualquier sistema democrático, como es la IGUALDAD y LA TRANSPARENCIA en la gestión de los bienes públicos.
En cuanto a la IGUALDAD que un demócrata debe aplicar, ¿cabe, por ejemplo, contratar “por deditos” a un familiar directo de la Sra. Alcaldesa, soltero, sin ninguna carga familiar, mientras padres de familia en situación de paro se pasan años sin trabajar ni un solo día para el Ayuntamiento, bien porque no eres de su cuerda política o bien porque no estás todos los días rogándole que te meta a trabajar, aun a sabiendas que después pasará a pedirte el voto como contrapartida por haberte dado quince días de trabajo al año en el mejor de los casos?
De la TRANSPARENCIA en la gestión de los bienes públicos se podría estar escribiendo días sin parar, pero traigo a colación este tema porque, no hace mucho tiempo, en unas declaraciones a un periódico, la Sra. Alcaldesa decía que todas las cuentas municipales estaban a disposición de cualquier vecino que desease verlas. Eso seria lo normal en cualquier gestión democrática, pero no la religad en este municipio. Y para que demuestre con hechos lo que dice de palabra, desde aquí le puedo insinuar que diga públicamente algunos gastos acometidos por este Ayuntamiento, de los que los vecinos no tenemos información, pero si hemos pagado con nuestros impuestos. Por ejemplo, ¿cuánto ha pagado el Ayuntamiento, es decir, todos nosotros, en gastos jurídicos (abogados), unas veces para defenderse ellos (no el Ayuntamiento) de denuncias por su mala gestión de temas municipales, o bien para ellos denunciar a otras personas sólo por decir públicamente la verdad de lo que están haciendo?; ¿cuánto nos ha costado de las arcas municipales el descontrol que se ha llevado en el arreglo de las casas del Chino?; ¿cuál es el total que se le abona anualmente a la empresa que hace la recogida basura?; ¿sería posible conocer ese contrato?; ¿cuál es el coste anual del servicio de autobús que une los distintos núcleos del municipio, y qué número de personas transporta anualmente?, por cierto, ¿cuál es el contrato firmado por la empresa y el Ayuntamiento? Podríamos seguir haciéndonos preguntas de este tipo todo el tiempo que quisiéramos, pero estas preguntas en un Ayuntamiento DEMOCRATICO y TRANSPARENTE no se podrían hacer porque todo el mundo sabría de antemano donde y en que se gastan los dineros que, a través de los impuestos -que por cierto no son nada baratos- ponemos en las manos de quienes nos gobiernan.

P.D.: De nuevo queremos invitar a todo el que quiera formar parte de esta inciativa por el cambio, a participar en nuestra Asamblea que se celebrará el próximo día 8 de Julio a las 21 horas, en Albuñol, C/ Carretera del Visillo 12.

Un saludo.

9 de junio de 2010

Nuevos planteamientos y nuevas ideas II: presente y futuro del turismo.

Hace días leí en el periódico que el Ayuntamiento estaba pensando en reabrir negociaciones para retomar el tan manido y efímero proyecto sobre defensa, limpieza y reforma del litoral de nuestro municipio. Son ya muchos los años en los que se ha oído hablar de esto; e incluso hace no tanto tiempo, algunas personas –en su mayoría adscritas al PIRL– nos aseguraban plano en mano que estaba ya hecho, y que en “pocos meses” iba a iniciarse la obra (siempre aciertan). La lectura de la noticia –o más bien, de la “no noticia”¬– me llevó a preguntarme cómo es posible que se haya dilatado tanto en el tiempo una reforma que es necesaria e improrrogable. Al mismo tiempo, me hizo reflexionar sobre el pasado, el presente, y el futuro del turismo en nuestro municipio, y de su gestión como sector que debería ser clave en nuestra economía, pero que no lo es, una vez más, sopena de nuestros representantes políticos.


No sé si será esa especie de inercia que tenemos los humanos a continuar con las prácticas de nuestros antecesores en todos los ámbitos de la vida –aunque éstas hayan sido erróneas¬–, o la simple incertidumbre –y en algunos casos, miedo– a los cambios que lamentablemente nos caracteriza ¬–incluso a esos que se hacen llamar socialistas (y, como siempre, no es lo mismo “hacerse llamar” que “llamarse”)–, lo que ha provocado que nuestra política, ya sea en ideas ya sea en estilo, haya cambiado muy poco, no sólo desde que se volvió a instaurar un sistema democrático en el ámbito municipal allá por 1977, sino, más allá, desde que la dictadura totalitaria de Franco instauró en los municipios un sistema caciquil más digno del Medievo que del siglo XX. En efecto, nuestro pueblo, y no sólo en lo que a turismo se refiere, ha permanecido incorrupto (y he dicho, atención, nuestro pueblo) a los inevitables cambios que impone el tiempo y la historia.

Han pasado muchas cosas desde entonces; y conforme iban pasando, nuestro país y sus gentes iban cambiando. Desde un punto de vista turístico, creo que son tres los últimos puntos de inflexión que han provocado modificaciones relativas en nuestra economía y en nuestra sociedad al ritmo que marcaba el desarrollo del país: obviando la tragedia del 73, que supuso un claro punto de cambio en otros ámbitos, creo que éstos fueron el boom económico de los años 60, y el desarrollo del turismo de “veraneo” a mediados de los 80. Por un lado, los efectos del desarrollo económico que vivió nuestro país tras el plan de regeneración económica llevado a cabo por los gobiernos tecnócratas del franquismo a finales de los 50, tuvo efecto, sobre todo, en un ámbito urbano, quedando el ámbito rural relegado a un segundo plano que lo dejó, en gran medida, enclavado en épocas anteriores. Sin embargo, es cierto que a partir de los 60, los núcleos rurales que estaban situados en el litoral, vieron como empezaban a llegar en época estival visitantes del extranjero, sobre todo del centro y norte de la Europa occidental. Estos fueron los primeros “turistas” que visitaron en cantidades relevantes nuestro pueblo, buscando la tranquilidad y el exotismo que anunciaba el famoso eslogan de la época “Spain is different”. Con la llegada de la democracia, las infraestructuras relacionadas con el turismo mejoraron considerablemente, aunque por desgracia, sólo en La Rábita (tanto El Pozuelo, como Albuñol y los demás núcleos de población no experimentaron mejora alguna en lo que a turismo se refiere). A mediados de los años 80 comenzaron a mejorar los servicios que se ofrecían, se construyeron edificios de apartamentos, y abrieron sus puertas comercios como chiringuitos, heladerías, etc. Gracias a ello, durante el verano, empezaron a visitarnos turistas, sobre todo españoles que venían principalmente de Granada, Barcelona, y otras ciudades del interior; rabiteños o familiares de rabiteños que habían salido de nuestro pueblo años atrás; y también un considerable número de extranjeros. Esta tendencia se mantuvo hasta los primeros años del nuevo milenio. Sin embargo, todo quedó ahí. Los servicios no sólo no avanzaron, sino que iban deteriorándose año tras año (y esto afectó a los turistas, pero sobre todo, a los vecinos). La oferta se mantenía sin ofrecer nada nuevo. Las tendencias en los turistas cambiaron. Desapareció en veraneo, y la gente prefería repartirse sus vacaciones a lo largo del año, buscando otro tipo de ocio. Los vuelos al extranjero, sobre todo a París, Londres o Roma, bajaron de precio espectacularmente, por lo que el turismo interno prefirió otras opciones diferentes al sol y la playa. Los extranjeros encontraron en lugares como Marruecos, Turquía, o Croacia, alternativa mucho más interesantes que la de la costa española, y a un precio mucho más competitivo (por mucho menos dinero del que se gastaría en La Rábita, una familia podía pasarse una semana a todo lujo en un hotel en playas de estos países). El desarrollo de nuestra comarca se estancó, y en La Rábita –seguramente¬– más que ningún otro pueblo. Nuestros gobernantes no sólo andaban perdidos, sino que no supieron ver las oportunidades que se ofrecían, ni supieron generar valor añadido a nuestra oferta turística. Cada cuatro años, las propuestas eran las mismas, y como nunca se cumplieron, al final nos quedamos como estamos. Hoy por hoy, el turismo en nuestro municipio es insignificante y de muy mala calidad, a pesar de contar con un potencial envidiable.

De repente, un día te despiertas y ves que ha llegado a la alcaldía una persona joven. Aunque no te explicas cómo ni por qué, piensas que tal vez venga con nuevas ideas y nuevas estrategias debajo del brazo. Sin embargo, por las razones que mencionaba al principio, las propuestas seguían siendo las mismas que las que hubo hace diez años. La necesidad de limpiar y reformar nuestro litoral es indudable. Lo era hace años, y lo sigue siendo hoy. Pero a la hora de afrontar un proyecto tan importante, hay que analizar muy bien la situación actual, y hacer una buena proyección hacia el futuro. Una vez más: ¿hacia dónde queremos ir? Todo el mundo sabe que las condiciones actuales en la economía y en la sociedad no son las mismas que se daban hace diez años, por lo tanto los esquemas y la estrategia de desarrollo no pueden plantearse de una forma similar.

El “boom” inmobiliario de los últimos años provocó que a lo largo del litoral español se construyeran edificios, hoteles, urbanizaciones, campos de golf (que servían únicamente como acompañamiento y reclamo de las urbanizaciones), etc. La burbuja inmobiliaria estalló, y la construcción entró en crisis. En realidad, esta crisis no fue más que la derivación de la extraordinaria (es decir, no ordinaria) situación creada, a la normalidad. El mercado inmobiliario dejó de ser tan rentable. La situación con la que nos encontramos después de esto es: una costa esquilmada y destruida de norte a sur, parajes naturales de valor incalculable echados a perder (por el descaro de unos pocos y la avaricia de todos), edificios y urbanizaciones vacías o abandonadas a medio construir, campos de golf igualmente abandonados e inutilizables, gente endeudada y que ha perdido todo su dinero… y, en definitiva, un sector prácticamente en la ruina. Al hilo de esto, aun recuerdo todavía cuando hace no mucho tiempo (dos o tres años a lo sumo), se presentaron en nuestro municipio varias empresas con la intención de construir grandes urbanizaciones y un campo de golf inmenso en el litoral de nuestro municipio. Ofrecían opciones de compra y mucho dinero fácil, sobre todo a los propietarios de los invernaderos que ocupan ese espacio. Muchos de ellos creyeron en las promesas de estos profetas que venían dispuestos a inundar con grandes riquezas a vecinos que llevan toda su vida trabajando esas tierras. Algunos, incluso, llegaron a firmar una especie de pre-contrato con ellos. Es entendible que lo hicieran, pues, al fin y al cabo, era dinero fácil por unas tierras que cada vez tienen menos valor, y para un sector cada vez menos rentable. Fueron convencidos por un falso discurso en el que se afirmaba que la construcción de un campo de golf y urbanizaciones supondría el desarrollo del pueblo. Lamentablemente, cuando se habla de desarrollo, en la mayoría de los casos preferimos tener un burro grande que no ande, a uno pequeño que ande. No se pensó, o muy poca gente lo hizo –y lo hace– que, al no sufrir las consecuencias de la construcción descontrolada e insostenible, tenemos una oportunidad única de ofrecer un producto turístico diferente y mucho más valioso. ¿Se imaginan lo que hubiera pasado si las empresas mencionadas hubieran comenzado su proyecto? Imagínense: teniendo en cuenta la grave crisis del sector, con toda seguridad las obras hubieran quedado paralizadas poco después de comenzar; y lo peor, mucha gente habría perdido su tierra y no habría visto ni un céntimo del dinero prometido (esto ha pasado ya en muchos lugares).
Por eso, me sorprendió tanto que se volviera a retomar el famoso proyecto de regeneración. Dentro de dicho proyecto hay cosas que son imprescindibles, como dije, desde hace mucho tiempo. Me refiero a la defensa de la playa con la construcción de espigones, y a la regeneración del litoral. La playa está desapareciendo (la de El Pozuelo, por ejemplo, ya desapareció hace algún tiempo); y gran parte de ellas se encuentra en un estado lamentable por culpa de los agricultores que tienen en ella sus explotaciones agrícolas. Y aunque dicha actuación, como digo, es imprescindible, creo que cualquier intervención no debe hacerse a tontas y a locas, sino –con perspectiva en el largo plazo– previo estudio de las necesidades reales de nuestro municipio, y poniendo énfasis en lo que nos interesa en el presente y para el futuro. Por ejemplo, todavía no acabo de entender que se quiera seguir haciendo un paseo marítimo quilométrico. Hace años pudo tener su sentido (para mí nunca lo tuvo, aunque entiendo que para algunas persona hubiera resultado beneficioso), ya que dicho proyecto podría haber traído consigo la construcción de viviendas de todo tipo, enfocadas sobre todo al turismo. Pero hoy por hoy, no lo tiene. Su coste podría dedicarse a otros asuntos que requieren intervención con más premura, como por ejemplo, la mejora de todos los servicios, la conservación de nuestro patrimonio histórico, o el desarrollo del turismo histórico-cultural. Para ellos, sería necesario realizar un estudio integral de la situación, y en base a él, realizar las intervenciones que fueran necesarias, con un proyecto serio y, sobre todo, económicamente sostenible, que resulte beneficioso para toda la población.

A la hora de realizar dicho estudio y dicho proyecto, es necesario tener en cuenta los cambios que se han producido en el sector turístico en los últimos tiempos. Dicho sector tiene que convertirse en clave para nuestra economía, sobre todo cuando tenemos la certeza del estado de la agricultura y su incierto futuro. Por ello, teniendo en cuenta la situación actual, hay que tener en cuenta que es necesario, ante todo, ofrecer un turismo competitivo. Y ello, se consigue, sobre todo, añadiendo valor a nuestra oferta turística.

Al hablar de competitividad de un producto, en este caso, turístico, hay que tener en cuenta las ventajas comparativas y las ventajas competitivas con respecto a otras ofertas turísticas. Las primeras se refieren, a la dotación de recursos que se destinan al sector; y las segundas a la capacidad de añadir valor y, por tanto, calidad al sector a través de, sobre todo, el nivel de precios y las infraestructuras. Para que nuestro turismo sea competitivo, hay que tener en cuenta que nos encontramos en una nueva era turística, que se desarrolla en un entorno globalizado en el que se producen cambios constantes –sobre todo en las pautas de comportamiento de los consumidores–; y donde han aparecido nuevos retos, relacionados con el cambio tecnológico, la responsabilidad medioambiental, y las demandas renovadas del consumidor. Todo ello plantea la necesidad de cambiar la estrategia turística, a través de un nuevo modelo que debe estar basado en el conocimiento, la innovación, la productividad y la sostenibilidad, cosas de las que carece totalmente la oferta turística actual de nuestro municipio.

Otro aspecto fundamental para mejorar nuestra competitividad, debe ser la creación, por parte del ayuntamiento, de un contexto adecuado para el desarrollo de negocios turísticos competitivos y, sobre todo, innovadores. Para ello, debería promoverse la creación de leyes que favorezcan la eficiencia de las empresas; debería promoverse igualmente la cooperación entre el sector público y el privado; y deberían realizar planes sectoriales de competitividad para lograr eficiencia en los negocios y ofrecer mejor servicio a los clientes. Actualmente, carecemos por completo de estrategia política y económica para ello; por lo que, partiendo de cero, debería tenerse en cuenta tres factores en los cuales debe basarse toda actuación y todo proyecto: por un lado la llamada “nueva economía turística”, ampliamente estudiada, y basada en la innovación, el conocimiento, la captación de desarrollo y talento, la satisfacción del cliente y el éxito del negocio; también el ofrecimiento de valor al cliente, a través de la puesta en marcha de estrategias turísticas que diferencien y potencien la personalidad de nuestro municipio con respecto a otros, y la adaptación de nuestra oferta turística a los nuevos entornos tecnológicos, la cultura del detalle, y la atención al cliente; la sostenibilidad, que ofrezca la mayor eficiencia posible, garantizando la calidad del entorno natural y la cultura de nuestro municipio, además de la integración, el bienestar social y el importantísimo equilibrio socio-territorial (en este sentido, la regeneración de espacios naturales y la ordenación del territorio del que hablábamos antes resulta fundamental); y, por último, la necesidad de lograr un liderazgo compartido entre el sector público y privado, a través del desarrollo de acciones comunes que fortalezcan la conciencia de los beneficios comunes que el turismo ofrece tanto al sector en sí como al pueblo en general. En este sentido, lamentablemente, en los últimos tiempos no ha existido diálogo alguno entre los representantes políticos y el sector privado municipal, y cuando ha existido, el discurso se ha basado en la enemistad y la falta de colaboración. Es, por tanto, urgente, que se establezca un diálogo fluido para alcanzar consensos necesarios para poner en marcha una estrategia adecuada, de la que todos obtengamos beneficios.

Yendo más allá, incluso, parece necesario plantearse la oferta turística como producto global. Hasta hoy, únicamente hemos ofrecido turismo de sol y playa, olvidando por completo el turismo rural y el cultural. La situación resultante es la que tenemos hoy en día: ofrecemos un turismo de sol y playa muy deficiente, y tenemos una nula oferta de otros tipos de turismo (como el rural y el cultural) que añadan valor a nuestra oferta. Las cifras y datos turísticos de nuestro país ponen de manifiesto la necesidad de cambiar el modelo. Según el Ministerio de Turismo, nuestro país siguió siendo en 2009 el tercer destino turístico del mundo, gracias sobre todo a la caída de competidores directos como Grecia y Chipre, con un total de más de 52 millones de visitantes al año. Esta cifra, sin embargo, supone una caída de 8’7% con respecto a la cifra de 2008. Una de las mayores deficiencias del turismo español es su alto índice de estacionalidad, es decir, de concentración en pocos meses al año, en este caso, los que coinciden con el verano (junio, julio y agosto). Así y todo, dicho índice se ha venido reduciendo considerablemente (para turistas extranjeros del 0’71% en 1999 al 0’62% en 2009; y para turistas nacionales del 0’58 al 0’50) sobre todo gracias al desarrollo del turismo cultural en los meses de invierno. Estos datos ponen de manifiesto la importancia que tiene desarrollar un turismo alternativo para los meses de invierno. Un turismo que debe basarse no tanto en la buena temperatura y en la playa, cosas que tenemos, sino sobre todo en un turismo rural y cultural, que debería basarse en nuestro entorno natural, nuestro medio rural y nuestro rico patrimonio histórico y cultural.

En cuanto al turismo rural, no hay en nuestro municipio ni un pequeño atisbo de desarrollo del sector, a pesar de que contamos con una riqueza y un entorno envidiable. Nuestra agricultura, la tradición vitivinícola y pesquera, el hecho de estar situados en un entorno natural característico y original, son solo algunos ejemplos de lo que atesoramos. Sin embargo, ni por parte de la autoridad pública ni las inversiones privadas, han sabido sacar provecho de ello. Nuestro turismo sigue basándose, ante todo, en el alquiler de apartamentos, es decir, en el alojamiento temporal. Pero los datos demuestran que esta deriva es equivocada. Resulta que en los últimos años, mientras la oferta de alojamiento ha ido en aumento, la demanda de apartamentos para alquiler en verano ha descendido considerablemente. Sin embargo, lo único que ha aumentado espectacularmente ha sido la oferta (con una tasa de variación interanual del 6’9%) y la demanda de alojamiento turístico rural (con una tvi del 3%). La demanda de apartamentos por su parte ha descendido un 7’7% y la de hoteles un 6’6%. Otro dato importante es que la demanda de camping se ha mantenido más o menos en los mismos niveles. Está claro, pues, dónde está el futuro. Los alojamientos rurales como los campings contribuyen sobremanera a la diversificación de la oferta, y ello contribuye muy positivamente al turismo sostenible y a la rentabilidad económica. Según el Ministerio de Turismo “no cabe duda de que el alojamiento rural es el que más decididamente ha venido contribuyendo a la diversificación del modelo turístico español, al tiempo que se ha erigido en una especialización turística de algunas CCAA y zonas turísticas emergentes, algunas de las cuales se identifica hoy con esta oferta de alojamiento como estandarte de una opción productiva basada en el turismo”. Al mismo tiempo, dicho ministerio alerta de que gran parte de la oferta de apartamentos se hace de forma ilegal, representando la legal un volumen casi testimonial de la cantidad que participa en el mercado turístico, lo que tiene consecuencias muy negativas para dicho mercado y su imagen.
Como digo, la actividad turística debe ser siempre compatible con el medio ambiente y con el medio social en que se inserta. Para decirlo de alguna forma, nuestro turismo representa nuestra realidad ambiental, geográfica y, ante todo, social. La competitividad está relacionada directamente con nuestra capacidad para poner en marcha un mercado turístico de calidad, integrado en el entorno y enfocado a la conservación medioambiental. Estas cuestiones son importantísimas para crear dicho mercado en el nuevo entorno turístico del que hablaba anteriormente, basado en la segmentación del mercado, diversificación del producto y desestacionalización de la oferta. A mayor diversificación, mayor competitividad. Por ello, no basta con el sol y con la playa, sino que hay que ofrecer más cosas; cosas importantísimas a la hora de elegir un destino vacacional. Cuando un turista elige dónde pasar sus vacaciones, suele fijarse en dos grupos de elementos. Por un lado, elementos culturales, como el folclore, el patrimonio y los eventos culturales; y por otro, elementos clásicos, como la accesibilidad, el precio y la seguridad. En cuanto a los culturales, nuestro municipio posee un rico folclore y un rico patrimonio, aunque no dispone de un calendario adecuado de eventos; y en cuanto a los clásicos, por el momento, nuestros pueblos no son accesibles ya que no hay vías de comunicación adecuadas, no son seguros y no ofrecen un precio inferior a otros destinos mejores.

Al mismo tiempo, la anteriormente mencionada preferencia por fraccionar las vacaciones ha provocado que disminuya la estacionalidad. Por tanto, hay que buscar fórmulas de comercialización de un producto turístico a través del ofrecimiento de actividades complementarias atractivas y de calidad. Nuestro municipio no ofrece un turismo de calidad, ni en verano ni en invierno; por ello es necesario realizar un plan integral que contenga una estrategia global para mejorar nuestro turismo, y que contemple no sólo la mejora de las condiciones de la oferta veraniega, con una mejora de todos los servicios, sino que debe contemplar el aprovechamiento de nuestro patrimonio histórico y cultural, que es enorme, pero se encuentra en condiciones lamentables. Las ventajas del aprovechamiento de nuestro patrimonio, y del desarrollo del turismo cultural serían enormes: en cuanto a los factores productivos, un mayor y mejor aprovechamiento del capital, reduciendo costes y aumentando la rentabilidad; en cuanto al trabajo, la prolongación del periodo de tiempo durante los trabajadores están empleados; en cuanto a la demanda, un disfrute de los servicios ofrecidos durante más tiempo, e instalaciones de mayor calidad y atendido por personal mejor cualificado, lo que supondría una mayor fidelización del cliente; y en cuanto a la oferta, un aumento de los beneficios de las empresas al ofrecer sus servicios durante más tiempo, y un mejor servicio gracias a la mano de obra cualificada.
Está claro que a lo largo del año, la oferta de turismo se enfoca en dos tipos de zona geográfica: durante el verano, la costa, que ofrece turismo de sol y playa; y durante el invierno, las ciudades históricas, que ofrecen patrimonio artístico y cultural. Hay zonas, como la nuestra, con poblaciones históricas cerca o en el mismo litoral, que tienen un potencial enorme, pues están en condiciones de ofrecer las dos cosas, emergiendo el turismo cultural como oferta complementaria al de sol y playa, ofreciendo ese “algo más” que piden los turistas. Nuestro municipio está en condiciones de ofrecer ambas cosas, pero la pésima gestión por parte de los gobernantes, el desinterés, la falta de ideas y motivación, ha provocado que sigamos estancados, con un modelo anticuado, ineficiente e insostenible. Hace falta, por tanto, implantar un modelo coherente en la gestión de los recursos culturales, coordinación entre la administración municipal, las instituciones públicas y las empresas. De igual modo, los profesionales del turismo deber ser eso, profesionales, y colaborar activamente en dicho desarrollo, participando, por ejemplo, en la conservación y protección del patrimonio (a más calidad más clientes, a más clientes más consumo, y a más consumo más beneficio). Por último, es imprescindible la asociación efectiva entre los sectores público y privado; así como la interlocución entre entidades locales, regionales, nacionales e internacionales. En definitiva, aunque el turismo de sol y playa y el cultural son distintos, son perfectamente complementarios, en especial para zonas con riqueza cultural próximas al litoral; las ventajas de la desestacionalización son enormes, y su explotación es beneficiosa para todos los agentes involucrados en la explotación turística; por último, el turismo cultural constituye una oportunidad única para potenciar el turismo en localidades que ofrezcan eventos culturales atractivos y de calidad.
Contamos, pues, con un potencial único y envidiable. Sólo es necesaria una buena gestión y actuaciones que no sean cortoplacistas. La estrategia no puede basarse en conceptos e ideas del pasado, sino que es necesario tener bien clara cuál es la realidad presente para enfocar nuestra visión y camino en el futuro. Lo primero que se debería hacer es estudiar profundamente nuestra situación actual, extrayendo conclusiones que nos permitan actuar con más énfasis allí donde más falta hace. Estamos hablando de nuestro futuro, por lo que no podemos actuar a tontas y a locas. Tampoco podemos dejar llevarnos por la grandilocuencia, sino que tenemos que enfocar nuestro turismo y nuestro desarrollo en la calidad. Hay muchos ejemplos de poblaciones que así lo han hecho, obteniendo éxitos indiscutibles. También hay ejemplos de pueblos que apostaron por lo fácil, por la cantidad, por la construcción indiscriminada y masiva, por los grandes beneficios a corto plazo, y que actualmente están sumidos en un profundo fracaso. Animo a los actuales gobernantes y a los futuros a que lo tengan en cuenta a la hora de afrontar las reformas que son necesarias. Los animo también a que expliquen al pueblo las cosas como son, sin ofrecer lámparas mágicas, sueños irrealizables ni gallinas de los huevos de oro, simplemente mostrando las alternativas más eficientes. Unos y otros tienen –tenemos– que saber que, tanto para el turismo como para cualquier otro sector, las apuestas del pasado ya no sirven, y que de la misma forma tampoco sirve el estilo y la forma del gobernar del pasado. Cambian las caras, pero las ideas y las formas siguen siendo las mismas. Si el mundo cambia, y la sociedad cambia, ¿por qué nuestros políticos y sus ideas siguen siendo las mismas?

V. D. L. R.

27 de mayo de 2010

Nuevos planteamientos y nuevas ideas I: la ELA desde otro prisma

Tengo la impresión y la certeza de que algunos de los acontecimientos que vienen protagonizando la vida política municipal en las últimas semanas, han puesto de manifiesto la necesidad de replantear las ideas y estrategias para construir el futuro de nuestro pueblo. Fundamentalmente, son dos los asuntos de actualidad que me han hecho reflexionar sobre determinados errores que se cometieron en la gestión de cuestiones que, ahora que vivimos tiempos de cambio, resultan muy importantes para nuestro desarrollo social y económico. Me refiero, por un lado, a la votación plenaria en la que finalmente quedó descartada –por ahora– la constitución de La Rábita en Entidad Local Autónoma; y por otro, a las voces que hablan de abrir nuevamente negociaciones para llevar a cabo un proyecto de limpieza, defensa y reforma de nuestra costa.


Como digo, se trata de dos viejos temas que, sin embargo, reaparecen en un contexto que nada tiene que ver con el del tiempo en que surgieron por primera vez. Si echamos la mirada diez años atrás, seguramente nos daremos cuenta de lo que ha cambiado el mundo, y de lo que hemos cambiado nosotros (lamentablemente, La Rábita no ha cambiado en nada). Cosas que antes eran buenas para el desarrollo de un pueblo, es posible que ya no lo sean tanto; sectores que pudieron ser el motor de una economía, ahora resultan un lastre para su crecimiento; proyectos que tuvieron validez y sentido, ahora es posible que ya no lo tengan; personas que tuvieron oportunidad de gestionar los asuntos públicos, seguramente ya no están en condiciones de hacerlo. Y esto puede aplicarse en los ámbitos local, autonómico, estatal e, incluso, global. En tiempos de cambio como los que vivimos hoy; en un mundo que avanza rápidamente por el desarrollo económico, social y, ante todo, tecnológico; y en una sociedad en constante e imparable transformación, y cada vez más difícil de comprender; hay que tener mucha precaución, y sobre todo, altura de miras para no volver a cometer los errores del pasado. Muchas veces ocurre que cuando tratamos de resolver nuevos asuntos, retos y cuestiones de la vida pública que van surgiendo con el lógico transcurrir de los tiempos, acudimos a fórmulas pasadas que nada tienen que ver con los esquemas sociales, económicos e incluso mentales del presente; y esto nos lleva inevitablemente al error y, por ende, al fracaso. Como ejemplo, piensen en el urbanismo y en su gestión: teniendo en cuenta los cambios que se han producido en el sector en el último año, ¿tendría sentido aplicar las políticas urbanísticas e inmobiliarias de hace diez años? Obviamente, no lo tiene. No hay que ser un genio, pues, para saber que para cada tiempo y cada contexto existe un modelo político; modelo que debe ser adecuado para explicar el presente, y resolver los nuevos problemas y conflictos que surgen en él.

En gran parte, han sido los errores y fracasos provocados por la falta de precaución y altura de miras, por la excesiva improvisación, por la ausencia de buena fe, y por el pensamiento cortoplacista, los que han llevado a La Rábita a la situación actual: nuestro pueblo está sumido en una profunda espiral de subdesarrollo –sí, subdesarrollo– político, social y económico.

Una de las cosas que más me llama la atención de La Rábita es la autocompasión continuada con la que, tanto su gente como sus líderes políticos, hablan cuando a ella se refieren. La autocrítica y el realismo han brillado por su ausencia, y de ahí que no hayamos sabido identificar nuestros defectos y nuestras carencias, y por ende, centrar nuestro esfuerzo en paliarlas. Para muchos todo estaba bien, cuando en realidad todo estaba y sigue estando mal. Siendo, pues, autocrítico y realista, me doy cuenta de que hoy por hoy La Rábita no tiene nada que ofrecer. En La Rábita no se vive bien. Y no es sólo que no dispongamos de unas infraestructuras básicas, ni alternativas de cultura y ocio, ni de un mínimo estándar de bienestar; sino más allá de esto, no tenemos definido –o tenemos mal definido– qué queremos ser, dónde queremos llegar, y qué queremos ofrecer. Si hacemos el ejercicio de respondernos a estas preguntas, muchos acudirán a soluciones pasadas, caducadas, que actualmente no sirven para desarrollarnos como pueblo ni como sociedad, teniendo en cuenta el mundo de hoy.

Ante la pregunta de qué ofrece La Rábita a quienes viven en ella, muchos, y algunos de ellos cegados por un fanatismo incomprensible (hay que tener en cuenta que lo malo del fanatismo –como de la locura– es que quienes lo padecen no son conscientes ni capaces de reconocer que lo padecen), responden que nuestro pueblo es, por ejemplo, bonito y tranquilo. Es decir, La Rábita ofrece belleza y tranquilidad. Lo de la belleza no estoy en condiciones de negarlo, pues, como se sabe, para gustos hay colores y sobre ellos no hay nada escrito. Lo de la tranquilidad es más discutible. Pero como éste no es el fondo del asunto, pongamos que es cierto que La Rábita es bonita y tranquila. Pero, ¿de qué sirve la belleza y la tranquilidad en un lugar donde los servicios básicos (luz, limpieza, infraestructuras,…) son deficientes o inexistentes?, ¿de qué sirve en un lugar donde no hay espacios para la práctica y el disfrute de la cultura y el deporte, y cuando los hay están en un estado lamentable? Casi cualquier pueblo de nuestro entorno –y de más allá de él– está en condiciones más o menos aceptables de ofrecer todo esto. Cuando salgo de mi pueblo y veo a la gente disfrutando de funciones de teatro, de sesiones de cine, de conciertos, de bibliotecas, de pistas y competiciones polideportivas… sólo puedo pensar que en el mío hay jóvenes –y no tan jóvenes– que no han disfrutado en su vida del infinito placer que se experimenta viendo a unos actores representando en vivo una obra de teatro, que no han disfrutado de un concierto de jazz o un espectáculo de flamenco en una noche de verano, que no han visitado nunca una biblioteca, ni han visto un exposición fotográfica, que no han disfrutado ni aprendido con la cultura. Y éste, el importante ámbito de la cultura, es sólo un ejemplo de nuestra tragedia. Eso sí, la mayoría de los rabiteños –como la mayoría de los vecinos del municipio–¬ no han dejado nunca de trabajar, sin encontrar en su pueblo las contraprestaciones que merecen. Esto es digno de orgullo, pero igualmente trágico.

Ahora pónganse en la piel de alguien que no es de aquí: ¿vendrían ustedes a pasar unas vacaciones a un lugar que lo único que ofrece son, en este ámbito, repetitivos conciertos diarios de una orquesta que ameniza los paseos nocturnos con éxitos de más que dudosa calidad, y que escuchados una y otra vez –como se escuchan aquí– pueden llegar a ser una tortura?, ¿vendrían a pasar unas vacaciones a un lugar donde el acceso a internet es tercermundista?, ¿vendrían a un lugar donde hay cortes de luz a diario?, ¿vendrían a un lugar con una playa sucia y abandonada?, ¿vendrían a un lugar donde, a parte de los bares, no hay ninguna alternativa de ocio y cultura?. Yo, desde luego, no. Y no es que esté mal que se promueva y se ayude a bandas musicales y grupos folclóricos de aquí, ni está mal que haya un bar en cada esquina (queramos o no, forma parte de nuestra idiosincrasia); pero es necesario acompañar esto con cosas que mejoren nuestra vida, y la de aquellos que vengan a visitarnos. Más adelante, profundizaré en este aspecto, y en la necesidad de que nuestro pueblo no se estanque en el llamado “turismo de sol y playa”, primero porque está completamente desfasado y es deficitario económicamente hablando, y segundo porque carecemos de unos servicios básicos que lo hagan atractivo (recordemos: hay que ser realistas, aunque sea desagradable). También, y al hilo de esto, hablaré de la necesidad de generar valor añadido a nuestro turismo a través de la explotación de nuestro gran potencial histórico, artístico y cultural, que, aun estando ahí, todavía no los hemos visto, o no lo hemos querido ver. Pero no adelantemos acontecimientos, y sigamos por donde lo había dejado.

A todo esto, nuestros líderes políticos siguen en sus trece, peleándose por la ELA y por un paseo marítimo de muchos quilómetros de largo, sin darse cuenta de que la vida en La Rábita es cada día peor; que los jóvenes se están marchando poco a poco a lugares donde se vive mejor; que hay gente que no sabe que “allá afuera”, más allá de los límites de la rambla, lejos de este maravilloso oasis que para algunos es La Rábita, hay millones de cosas que no conocen y que desde todos los puntos de vista mejorarían su vida y su bienestar. Resulta paradójico que siendo un pueblo tan pequeño, los que nos gobiernan no conozcan lo que está pasando. ¿Será lejanía, desconocimiento, o que ante los problemas prefieren esconder la cabeza como los avestruces?

El asunto estrella, y por el que quiero comenzar es, sin duda, el de la Entidad Local Autónoma. Antes de nada, quisiera dejar claro que, en mi opinión, por supuesto, La Rábita y sus vecinos tienen todo el derecho del mundo a reivindicarla y a tenerla; y por ello, hacen bien en luchar por ella. Al fin y al cabo, la ELA no es algo demasiado relevante, o no tanto en comparación con otras cosas, como tener unos servicios básicos que se correspondan con los impuestos que pagamos. Pero ni estos vecinos ni el PIRL, partido que hace de (y una cosas es “hacer de” y otra muy distinta es “ser”) abanderado la causa, se han dado cuenta de que lo importante no es estar a favor o en contra de la misma. Quienes se enroscan y se enzarzan en discusiones sobre si la ELA conviene o no a La Rábita, arman su argumentario en torno a la defensa de un simple “sí” o “no”; cuando en realidad, antes de responder, hay que hacerse más preguntas que, sobre todo, tengan que ver con nuestro desarrollo social y político, así como nuestro nivel económico (pero no lo que tuvimos, ni lo que tendremos; no nuestra historia, ni nuestro futuro; sino lo que tenemos, lo del ahora, lo del presente). Dos preguntas que, antes de entonar el pro o el contra, tendríamos que hacernos son: ¿el camino ha sido el correcto?, ¿ha sido adecuada la estrategia? Desde luego que no, y la prueba es que, más de diez años después, seguimos como al principio: sin ELA.

El primer error, desde mi punto de vista, fue constituir un partido político para conseguir la ELA, cuando lo ideal hubiera sido crear una plataforma vecinal que, formada por personas con diferentes ideas y opiniones, ejerciera presión sobre los partidos como ente paralelo pero desde fuera de las instituciones políticas. Esto hubiera dado mucha más legitimidad y mucho más apoyo a la causa de la autonomía, y al mismo tiempo hubiera alejado a los líderes del movimiento no sólo de los compromisos propios del ejercicio de la política, sino también de las corruptelas y demás vicios que a veces, por desgracia, lo acompañan. Cuando un partido, como el Partido Independiente de La Rábita, entra a formar parte del mapa político municipal, comienza, lógicamente, a formar parte también de su juego. Me refiero con ello a participar en pactos y a posicionarse en otros temas que nada tienen que ver con su objetivo principal. Esto le ha pasado al PIRL. Centrados única y exclusivamente en la consecución de la ELA por encima de todo, se han olvidado de que hay otras cosas que son tan importantes o más. Al final de todo, no han conseguido lo que querían; han sido engañados en repetidas ocasiones; han cedido en gran parte de sus pretensiones (no olvidemos, por ejemplo, el recorte territorial); han cambiado de discurso e incumplido promesas (hay que acordarse, por ejemplo, de la depuradora); ha entrado a formar parte de gobiernos que, como el actual, han sido un verdadero desastre. Sí: el PIRL siempre dijo que, por encima de todo, estaba la ELA. Hasta ahí, todo perfecto. Pero, repito, resulta que en política hay mil y un temas más que son tan importantes como la ELA, y de los cuales se han olvidado por completo (no pongo ejemplos. Cualquier cosa sirve. Piensen en cualquier problema que tenga La Rábita, y piensen en lo que ha hecho el PIRL para resolverlo, y entonces verán a lo que me refiero). El resultado es que, además de no conseguir que La Rábita se haya constituido como ELA, tampoco han conseguido mejorar en nada nuestras infraestructuras, nuestros servicios, nuestra cultura… Todo está peor. En definitiva, creo que los vecinos unidos con un claro objetivo y ejerciendo presión sobre los partidos, hubieran sido más efectivos que un partido haciendo política dentro del Ayuntamiento. En este sentido, aquellos rabiteños que apoyen la constitución de la ELA para su pueblo, no tendrían que gastar fuerzas en preguntar a los partidos si están o no de acuerdo en que se apruebe, sino que debería gastarlas en presionarles para que hicieran suya esta reivindicación, independientemente de la postura que, a priori, dichos partidos tengan sobre el tema.

Por otro lado, una vez cometido el error de participar en política como partido, han sido muchos los errores estratégicos. Ciegos por el objetivo único, se han dejado conducir por gente que, más allá de sus dotes personal y profesionales, tienen mucha más experiencia en el terreno de juego de la política; viéndose arrastrados, al mismo tiempo, a incumplir promesas que habían hecho a todos sus votantes y a todo un pueblo. Si ya resultó un grave error el pacto con el CPM de José Sánchez allá por el año 2003, cuando fueron engañados por éste al no cumplir su promesa al respecto de la ELA; lo fue mucho más volver a pactar con él cuatro años después (tras prometer que no lo harían), volviendo a ser nuevamente engañados, a pesar de que todo el mundo sabía lo que iba a pasar. Sin embargo, esto no es lo más grave. Entre tanto, con el beneplácito del PIRL y de sus representantes en el Ayuntamiento, nuestro pueblo seguía (y sigue) abandonado y en un estado lamentable sopena de la pésima y desastrosa gestión del régimen sanchista. Los dos concejales del PIRL, votaron la investidura como alcalde del mismo que unos meses atrás les había engañado, y votaron y apoyaron cualquiera de sus propuestas aunque estas fueran perjudiciales para La Rábita, traicionando así a todos los que habían apoyado y votado su programa. Para ellos la ELA era lo más importante, y no se daban ni se dan cuenta de que el enfoque es el equivocado, y sobre todo, que estaba en juego gran parte de nuestro presente y nuestro futuro. Han demostrado así una absoluta carencia de pensamiento a largo plazo, de altura de miras, de responsabilidad; además de una incapacidad total para defender los intereses de La Rábita.

Para el PIRL, la ELA es la gallina de los huevos de oro. Para ellos, es algo que nos proveerá un desarrollo y una felicidad nunca antes experimentada. Pero no se han dado cuenta que la ELA no debe ser la herramienta para construir el desarrollo, sino que es el producto final que debe surgir de este desarrollo. La ELA, de por sí, no nos va a dar buenas carreteras, ni buenos saneamientos, ni internet rápido y accesible, ni va a terminar con los cortes de luz, ni va a traer la limpieza a nuestras calles y a nuestra playa. Sin embargo, si desde hace diez años se hubiera trabajado por mejorar nuestros servicios y nuestras infraestructuras, seguramente La Rábita ya sería una ELA, porque tendría unos niveles de desarrollo social y un crecimiento económico adecuado para ello. Una descentralización económica y administrativa –como la ELA– no justifica el desarrollo por sí misma; pero el desarrollo sí justifica dicha descentralización.

Pero esto no es lo único. Además de su estrategia política, su estrategia social ha sido equivocada desde el principio. El PIRL planteó el tema de la ELA como una guerra que el pueblo de La Rábita libraba contra Albuñol. Como diría Ortega y Gasset: “no era esto, no era esto”. Como en todas las guerras, en esta había héroes y también villanos. Había unos buenos y unos malos. Los buenos no eran los rabiteños, sino aquellos rabiteños que apoyaban la causa de la independencia. Los rabiteños que, ejerciendo su libertad de opinión, y, como todos, buscando también lo mejor para su pueblo, no apoyaban la ELA, eran traidores más peligrosos aun que los propios enemigos. Por su parte, los malos no eran sólo los vecinos de Albuñol, sino ellos y los traidores rabiteños (si algún día soy profesor, y tengo que explicar a mis alumnos qué es el fascismo, tengo aquí un gran ejemplo). Como en todas las guerras, por supuesto, había un pueblo invasor y torturador que subyugaba la libertad de unos pobres indefensos. Además, había que dejar bien claro que los malos son muy malos, y que todo lo que tiene que ver con ellos es malo (sin darse cuenta de que, nos guste o no, tenemos mucho que ver con ellos, como por ejemplo, cientos de años de historia y una cultura en común). Por supuesto, como en todas las guerras, había que buscar una justificación histórica a la causa. Indagar en el pasado para encontrar una justificación del porqué ellos son malos y nosotros buenos. También había que re-educar a la gente. Buscar eslóganes y discursos fáciles, que calaran en la gente. También mostrar ilusiones a través de trucos y mentiras… El eterno discurso del “ellos contra nosotros”. El mismo discurso que usan los extremistas (ya sean derechistas, izquierdistas, nacionalistas, racistas, homófobos, etc.…) para justificar su discurso. Me consta que la mayoría de los miembros del PIRL no son nada de lo anterior, algunos, más bien, todo lo contrario; pero por eso mismo siento más pena. Han usado el enfrentamiento y las “medias verdades” (que son peor que las mentiras) para lograr su objetivo. No se estaban ni se están dando cuenta de que con el uso de este discurso radical, de enfrentamiento, de guerra, de las medias verdades, estaban convirtiendo en ilegítimo un objetivo que, a priori, es justo y lógico. Yo, en lugar de esto, hubiera apostado por dos cosas: diálogo, verdad y pedagogía.

Pienso que con diálogo, verdad y pedagogía todo hubiera sido más fácil en lo que a consecución de la ELA para La Rábita se refiere. En primer lugar, habría que haber dialogado con todas las fuerzas políticas y todos los sectores sociales y profesionales. En lugar de ello se optó por enfrentar y acusar de traición a todos aquellos que no participaran de las ideas del PIRL (cualquiera que luchara por su pueblo desde el PSOE, desde el PP, o cualquier otro partido, era automáticamente considerado un traidor). Explicarles qué quiere La Rábita, y cuáles serían los beneficios que se obtendrían. En lugar de ello, se optó por pedir la ELA apelando a un sentimiento patriótico realmente disparatado. Explicar a los vecinos de todo el municipio qué es una ELA y lo que supone realmente. En lugar de ello, se optó por callar o por elevar ciertas categorías, creyendo erróneamente que así aumentarían los apoyos. Explicar y convencer a los vecinos de Albuñol las ventajas que les darían que La Rábita fuera una ELA, y a los vecinos de La Rábita las ventajas, pero también los inconvenientes. En lugar de ello, se optó por culpar a Albuñol de todos nuestros males, sin explicar ni justificar nada más. Hablar y negociar con todos los niveles de nuestra administración, con todos nuestros representantes políticos. En lugar de ello, se optó por callar o, en el mejor de los casos, hablar de otras cosas. Y todo ello debería haberse hecho con sinceridad y con verdad. Sin manipular a la gente, ni engañarla, ni utilizar –por ejemplo– las fiestas del pueblo como plataforma para defender un discurso político (en este sentido, algunos del PIRL se justifican diciendo que ellos no fueron los primeros en usar políticamente las fiestas. Es verdad, pero es un argumento tan falaz como el del ladrón que se justifica apelando a que él no fue el primero en robar. Si ves que alguien hace algo mal, critícale, corrígele… pero no hagas tú lo mismo, o quedarás a su altura). Como digo, todo ello hubiera sido más fácil, más efectivo y mucho menos costoso. Pero se eligió otro camino… el camino contrario, y los resultados son los que son. Con ellos en la mano, no les debiera extrañar que muchos pensaran que han estado ahí únicamente para defender los intereses personales de quienes, dando la cara o no, han representado y liderado al partido.

No voy a concluir diciendo que me gustaría que el PIRL desapareciera del escenario político municipal, sino todo lo contrario, porque como dije al principio, defiendo el derecho que cada persona tiene a presentarse a una elecciones y a representar a los ciudadanos. Y además, cuantas más opciones donde elegir haya, mucho mejor. Pero visto lo visto, y dicho lo dicho, si estoy en condiciones de afirmar que el PIRL ha perjudicado mucho más de lo que ha beneficiado a La Rábita. El PIRL ha sido el partido que más daño ha hecho a los intereses de La Rábita desde la reinstauración de la democracia. El coste de tener al PIRL en política ha sido muy alto para todos los vecinos de La Rábita. Y la prueba de ello se ve dando un paseo por cualquier calle a cualquier hora.

Hecho el daño, les animo a que de cara a las próximas elecciones, reflexionen profundamente sobre la estrategia que han seguido hasta ahora, así como sobre su forma y sus maneras a la hora de hacer política. Tampoco estaría de más, dada la coyuntura actual, que pidieran perdón a ese pueblo de La Rábita al que tanto les gusta acudir para erigirse en sus legítimos representantes –o al menos, a esa parte del pueblo que les dio su confianza en las pasadas elecciones–, por todos los perjuicios que ha acarreado su actitud, su empecinamiento, su ceguera, y sus decisiones en los últimos años.

De igual forma hay que animar a los vecinos y vecinas de La Rábita a que, de cara a las próximas elecciones, reflexionen sobre lo importante que es su voto (aunque no lo crean), y el uso que se haga de él en el Ayuntamiento; sobre lo que han tenido y lo que tienen; sobre los resultados y trabajo del PIRL y su reflejo en el (sub)desarrollo del pueblo. Que lo hagan quitándose de encima, en la medida de lo posible, todos los prejuicios ideológicos u opiniones sobre la ELA. Pensando, como decía al principio en el largo plazo, con altura de miras. Teniendo en cuenta las cosas que de verdad importan, los problemas que, como ciudadanos, de verdad tenemos. Si lo hacen, es posible que también lleguen a la conclusión de que se han cometido demasiados errores, que han sobrado palabras, que ha sobrado propaganda, fanatismo… y de que ha faltado responsabilidad, y han faltado ideas. O, al menos, buenas ideas.

Continuará…

V. D. L. R., un vecino cualquiera de La Rábita (¿qué más da?)

(Quiero agradecer la oportunidad que me brinda este foro para expresar mi opinión sobre temas que considero de importancia para los vecinos del municipio. Soy consciente de los ataques que ha recibido este espacio por parte del poder municipal establecido. Normalmente se cumple a rajatabla eso de “dime lo que tienes y te diré de lo que careces”, y esto no ha sido una excepción, ya que algunos que presumen de amar y defender la libertad y la democracia, son los que menos han soportado que se abra en nuestro municipio un lugar donde todos puedan expresar su opinión libremente. Por suerte, a lo largo de la historia, también se cumple algo: los tiranos siempre pierden, y la libertad se acaba imponiendo.

También quiero felicitar a los creadores de esa nueva iniciativa llamada Progresistas por el Cambio. Más allá de cualquier valoración, es muy positivo que surjan nuevas opciones, que propongan cambios y nuevas ideas en una política que se encuentra demasiado estancada. Y la política, como el agua, no conviene que se estanque demasiado. También es muy positivo que cada vez haya más opciones donde elegir (y también, no nos engañemos, más opciones a las que criticar). Ello es muy bueno para el normal desarrollo de nuestra democracia, y también para el enriquecimiento de un debate que intenta ser silenciado de una forma que no corresponde que los tiempos en que vivimos. Muchos ánimos, mucha suerte. El cambio siempre es posible y necesario.)